
Estudié desde el pre-escolar hasta el fin del bachillerato en un colegio privado católico de solo para chicas, obteniendo el primer lugar en cada uno de los grados. Este historial de excelencia me otorga la experiencia y la autoridad legítima para la publicación de mi Método Blanca-Laura para Obtener buenas notas.
Las hermanas religiosas nos consagraron como “Hijas del Verbo Encarnado”. Esta identidad ha guiado mi disciplina y mi amor por el conocimiento.
He infundido esta misma exigencia en mis enseñanzas. Para quienes desean brindar a sus hijos, o a sí mismos, las herramientas hacia el éxito académico, pueden conocer aquí mi Método Blanca-Laura para Obtener buenas notas.
He aquí los símbolos de mi historia: la foto de mi medalla original, la letra del himno y la oración al Verbo Encarnado.
Esta medalla, que conservo con amor desde los años 80, es el testimonio de una vida dedicada a la excelencia.


He aquí la letra del Himno al Verbo Encarnado:
Somos hijos del Verbo Encarnado
¿Hay acaso nobleza mayor?
Invoquemos su nombre sagrado
y entonemos un himno en su honor.
Verbo Eterno, tus hijos amantes
a ti claman con férvido anhelo
y elevan los ojos al cielo,
esperando les muestres tu faz.
Sus plegarias, acoge benigno,
a sus ruegos inclina tu frente,
y de gracia copioso torrente
en sus almas derrama ¡Oh Señor!
Somos hijos del Verbo Encarnado
¿Hay acaso nobleza mayor?
Invoquemos su nombre sagrado
y entonemos un himno en su honor.
Corazones a ti consagrados
y que tienen por único anhelo
extender tu reinado en el suelo
que por patria les diste, Señor.
Son ¡Oh Cristo! las huestes triunfantes,
que a tu nombre su vida ofrendaron
y en la lucha gloriosa clamaron:
¡Gloria, gloria para ti, Rey Inmortal!
Somos hijos del Verbo Encarnado
¿Hay acaso nobleza mayor?
Invoquemos su nombre sagrado
y entonemos un himno en su honor.
He aquí la Oración al Verbo Encarnado:
¡Oh Divino Verbo Encarnado!
que por amor al hombre te hiciste niño,
tomando carne de las Purísimas entrañas de la Santísima Virgen,
dándonos admirable ejemplo de humildad y caridad;
da consuelo en las penas,
aliento en la virtud,
fortaleza en la tentación,
paz en las familias
y un gran amor en los corazones a Ti consagrados.
Que todos te conozcan y te amen.
Divino Verbo Encarnado oye la súplica que te hago
y concédeme por los méritos de la Santísima Virgen,
tu Madre y mía,
la gracia que te pido, si es para tu mayor honra
y gloria y bien de mi alma. Amén.
Divino Verbo Encarnado, ¡te adoro y te amo con todo mi corazón!
Verbo Encarnado, en esta necesidad, muéstranos tu poder.